Víctor Heredia volvióa demostrar que las canciones de ayer son inoxidables

El artista se presentó el sábado en un teatro El Círculo colmado para evocar los 35 años de “Todavía cantamos”. Una noche de celebración.

Ver un show de Víctor Heredia es un viaje al pasado, pero con una salvedad: no es ciencia ficción, ni mucho menos es “El túnel del tiempo” (ese programa de los 60 en blanco y negro vacío de contenido) y tampoco es una conexión a la nostalgia por la nostalgia misma. No, nada de eso, las canciones de Heredia tienen un estado de presente continuo y quien lo dude debería haber escuchado el sábado en un teatro El Círculo repleto el tema “Informe de la situación”, grabado en el 83 y con una vigencia tan asombrosa que derivó en un cántico político de estos tiempos que es mucho más que un hit del verano.

Heredia salió a escena y ocurrió lo que no suele ocurrir: tras el aplauso unánime de recibimiento, gran parte del público se puso de pie vivando su nombre.

Había algo más en esa ovación. Era un gesto de agradecimiento por esa honestidad intelectual e ideológica que hace que la gente se sienta identificada con esas canciones, que hablan tanto de la penosa realidad social de la Argentina, como de desaparecidos y poderosos impunes, pero también del amor a su hermana Cristina (“Mandarinas”, en dueto en video con Silvio Rodríguez) o “Mientras tanto”, para el momento mágico y extraño del embarazo de una mujer: “La televisión se empeña en demostrar que no hay más nada que mostrar/Las gallinas ponen huevos/yo me chupo el quinto dedo/y un ministro es procesado por querer llevarse a casa su sillón/Mientras tanto, mientras tanto/tu cintura se hace luna/pones sueños en la cuna/y tu corpiño llena cántaros de amor”.

“Estas canciones son una celebración” dijo Heredia en el arranque del show. Y vaya si dio en la tecla. Para celebrar hace falta invitados. Y al público compañero y cómplice se sumó el talento interpretativo de una banda que siempre estuvo a la altura de las canciones, simplemente porque llevan décadas tocando junto al Negro, como se lo llama en la intimidad. Ellos son Daniel Homer y Panchi Quesada en guitarras; Ricky Zielinsky en bajo eléctrico (con un pañuelo verde colgado del diapasón); Gustavo López (batería), Víctor Carrión (aerófonos y vientos) y Babu Cerviño (teclados).

Víctor Heredia tocó guitarras electroacústicas y cantó con tan buena entonación como sensibilidad. Y una prueba palpable es la tantas veces escuchada “El viejo Matías”, la primera canción con la que Heredia conoció la popularidad. Encima la hizo a dúo con Ricardo Mollo, aunque vía video tomado de la grabación “50 en vuelo”, ese disco doble con clásicos de su trayectoria en el que participaron varias leyendas. Entre ellas está Joan Manuel Serrat, con quien también se lució el sábado en el dueto virtual a través de la bella “Razón de vivir”.

Claro que no sólo hubo clásicos. “Voy a estrenar una canción, ¿me lo permiten?” preguntó al público y el “sííííí” no tardó en llegar. El tema arranca evocando “el frío del 76” y cuestiona el olvido de muchos por aquellos ideales de liberación. “Y un Marechal azul grabado en nuestra piel/la patria era un poema sin final” rezaba el estribillo y volvió a convocar a la emoción.

Más allá de que las letras de Heredia constituyen el peso específico de su repertorio no hay que desdeñar las melodías que sabe elegir para que esos textos tomen más fuerza y sentimiento. Un ejemplo claro es con “El adiós”, aquel tema sobre poesías olvidadas de Atahualpa Yupanqui y otro es “Cuerpo de mujer”, sobre un poema de Pablo Neruda. Pero incluso rítmicamente, Heredia se atreve a otros sonidos. Lo hace de maravillas con el pulso ligeramente jazzeado de “Vuelve al campo” o con el aire centroamericano de “Dulce madera cantora”.

Ya llegando al final hubo espacio para un agradecimiento especial. Y fue para Pepe Grimolizzi, productor del show y quien lo cobijó en Rosario en los años de plomo. Para él fue “Todavía cantamos”, una suerte de leit motiv de su carrera y de este show en particular, que brilló aún más con las imágenes en la pantalla gigante de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, entre las que se divisó a una joven Estela de Carlotto y a Hebe de Bonafini.

El primer bis fue con “Aquellos soldaditos de plomo”, que fue pedida por un fan desde un palco apenas iniciado el recital; “Como la cigarra”, de María Elena Walsh, cantado entre lágrimas por muchos de los presentes y la infaltable “Sobreviviendo”, en la que se le volvió a agradecer el cambio de Hiroshima por Malvinas en una versión que se le olvidó un pedazo de la letra, pero que no manchó en absoluto el potente mensaje antibélico de la canción.

Cuando parecía que no había un tema más de yapa, Heredia y la banda volvieron en pleno para hacer el cuarto y último bis, después de que habían pasado dos horas de show y una lista de 23 canciones.

Fue el momento de “El misterioso dragón”, con un ritmo que asemejaba al sonido de una big band en una clara intención de terminar bien arriba, para que no decaiga.

Es esa que dice “si queremos empezar/a construir la paz/un ladrillo hay que llevar/una flor, un corazón, una porción de sol/ y estas ganas de vivir”.

Fue una manera de dejar en claro que “todavía cantamos”.

a viva voz. Víctor Heredia ofreció un show emotivo en Rosario con clásicos eternos y un tema de estreno.

“Había algo más en la ovación a Heredia. Era un agradecimiento por sus canciones y su honestidad ideológica”