Por qué fracasó el gobierno del PRO en Funes

El intendente que se va asumió con promesas que no llegó a cumplir o cumplió a destiempo. La avenida Illía fue casi un resumen de su gestión

El recorrido del intendente Diego León Barreto por la Intendencia de Funes se puede explicar a partir de una calle: la avenida Arturo Illía. La reparación de esa arteria (la prolongación de Mendoza de Rosario) ya era un reclamo de los funenses en 2015, cuando asumió el dirigente del PRO. Y a pesar de haber sido motivo de reiteradas promesas y anuncios, recién se inauguró el 25 de julio pasado.

Más allá de la importancia de esta avenida para la movilidad urbana, no se trataba de una obra de gran envergadura: desde el arroyo Ludueña hasta la rotonda de Yrigoyen, 4,4 kilómetros de traza con un presupuesto de 50 millones de pesos. Esta semana taparon el primer bache que apareció, casi una metáfora de lo que fue el gobierno del intendente que deja su mandato.

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Los fondos para esta obra fueron solicitados a la Nación a principios de 2016, pero llegaron recién este año. Los trabajos comenzaron el 22 de abril y culminaron en julio. “Hemos terminado esta obra en tiempo récord”, dijo Barreto en esa ocasión. Habían pasado más de tres años desde su llegada al cargo.

Las expectativas del PRO de mostrar a Funes como una de sus banderas para ir por otras localidades santafesinas estallaron en el aire. Barreto llegó como una de las estrellas emergentes de la “nueva política” y se va derrotado en las urnas, en medio de protestas de los trabajadores municipales por atrasos salariales, movilizaciones de vecinos por la falta de recolección de los residuos domiciliarios y con la emergencia en higiene urbana declarada por el Concejo.

En una entrevista en 2015 con La Capital, Barreto prometió transformar Funes después de “años de estancamiento”. Habló de conseguir créditos del Banco Ciudad para la instalación de cloacas, de sumar un nuevo colegio público secundario, de potenciar el turismo y reforzar la prevención del delito. Esas promesas nunca se concretaron y este año los vecinos se lo recordaron a la hora de votar. Barreto fue por la reelección y salió tercero con 20,8 por ciento de los sufragios, detrás del frente Juntos (31,7 por ciento) y del Frente Progresista (28,7 por ciento).

Tan notorio resultó el castigo a la gestión que en noviembre el presidente Mauricio Macri superó con claridad a Alberto Fernández en la ciudad. Consumada la derrota electoral de Barreto, el desbarranque de la gestión se aceleró.

En conflicto

Fue tan errático el gobierno funense que a los pocos meses de su asunción algunos cuadros de la Fundación Libertad que colaboraban con él se mostraban espantados. Ahora la ciudad está atravesada por un conflicto con los empleados municipales que lleva cinco meses. Los trabajadores perciben su salario en cuotas, a tal punto que llegaron a cobrar en siete veces. El conflicto fue escalando con cortes de calle y movilizaciones de protesta. Del salario de octubre aún les deben el 30 por ciento.

En este contexto, los servicios públicos se resintieron y el mayor impacto se vio en la recolección de basura. Muchos vecinos convivieron más de diez días con los residuos en sus hogares porque los poquísimos contenedores estaban atiborrados, otros optaron por traerlos a Rosario. Un escenario insólito para Funes, una ciudad con recursos y que históricamente tenía registros de buen cumplimiento en los pagos de tasas.

En plena crisis, la foto de Barreto y varios de sus funcionarios recogiendo la basura pareció una parodia innecesaria. Casi al mismo tiempo un grupo de vecinos había depositado residuos domiciliarios en la puerta del municipio. Ficción y realidad en dos actos.

“Da la sensación de que el Ejecutivo de Funes abandonó la responsabilidad que tenía de administrar los recursos”, dijo esta semana Claudio Leoni, titular de Festram. Y recordó que “nunca estuvo en esta situación” ya que “no es un municipio pobre”.

Mauro Míguez, ganador de las elecciones a concejal, definió a Barreto como “un administrador ausente”. Y cree que el conflicto con los municipales “se enmarca en la precarización de las condiciones de trabajo”. Para el dirigente de Unidad Popular, el intendente “gobernó ignorando a las principales instituciones, lo que generó un aislamiento político y social y una enorme desconfianza de los ciudadanos”. Para Míguez, esta es “la gestión política con mayor descrédito desde 1991, cuando Funes fue declarada ciudad. Se vio en la recaudación, que cayó a menos del 40 % y eso, sumado a la ineficiencia en la administración, impactó en los servicios públicos”.

La nueva administración tendrá que lidiar con un panorama complicado y volver a poner en marcha una ciudad que dilapidó un tiempo valioso. El 10 de diciembre se va Barreto. Detrás suyo habrán quedado cuatro años perdidos.