Murió Mugabe, libertador y dictador de Zimbabwe durante 37 años

Pudo ser otro Mandela pero rápidamente se transformó en un tirano. Con la hiperinflación arruinó a la economía nacional.

Robert Mugabe, un maestro convertido en guerrillero que ayudó a derribar el dominio colonial blanco en Zimbabwe pero lo llevó a la ruina económica, ha muerto. El ex dictador murió en un hospital de la lejana Singapur. Hace algo menos de dos años, un golpe de estado incruento puso fin a sus 37 años de gobierno sobre el país del sur de Africa. Gobernó desde 1980 a 2017. Tenía 95 años.

El presidente de Zimbabwe, Emmerson Mnangagwa, ex diputado que lo derrocó, confirmó la muerte de Mugabe en un mensaje de Twitter. “Mugabe era un icono de la liberación, un panafricanista que dedicó su vida a la emancipación y el empoderamiento de su pueblo”, dijo Mnangagwa. “Su contribución a la historia de nuestra nación nunca será olvidada”. Claro que este panegírico de Mugabe tal vez no sea compartido por el pueblo. En las calles de Harare, la capital de Zimbabwe, la muerte del dictador fue recibida en silencio, con pequeños grupos de personas reunidas para discutir las noticias. Su silencio contrastaba con el júbilo que recibió la expulsión de Mugabe en noviembre de 2017.

Para la mayoría de los zimbabwenses, el final de la era Mugabe no ha traído el cambio que esperaban. La tasa de inflación se disparó una vez más en junio, hasta el 176 por ciento, y muchos economistas estiman que los aumentos de precios reales para los consumidores están más cerca del 600 por ciento. En las últimas semanas, ha habido una brutal represión contra manifestantes, activistas de la oposición y otros críticos del gobierno.

“El autor de nuestros problemas está muerto”, comentó un estudiante de 22 años que se negó a dar su nombre. “Ahora estoy en la universidad, pero no sé si conseguiré un trabajo. Mugabe nos llevó a donde estamos ahora”.

El gobierno de Mugabe se convirtió en el relato de la historia de la independencia de Zimbabwe. En 1980 fue elegido primer ministro de la nueva nación independiente e inicialmente se esforzó por cultivar la buena voluntad entre los blancos. Invitaba a tomar el té a Ian Smith, el antiguo líder del gobierno de la minoría blanca que dirigía el país entonces conocido como Rhodesia. La antigua colonia se había separado del imperio británico 15 años antes, pero muchos colonos blancos mantuvieron profundos lazos con Gran Bretaña. Mugabe también fue recibido por Margaret Thatcher y Jimmy Carter.

Cuando su partido Zanu-PF perdió el control del Parlamento en 2000, en parte porque los agricultores blancos habían apoyado a un rival, Mugabe se sintió traicionado. Siguiendo un patrón que definiría su larga carrera política, decidió neutralizar a sus oponentes, dando luz verde a los veteranos de la guerra de liberación de Zimbabwe para que invadieran las granjas de propiedad de los blancos. Otro rasgo común a su largo “reinado” fue la altísima inflación que sus políticas expansionistas causaron en la nación africana. Un legado negativo que sigue vivo y nadie sabe bien cómo poner bajo control.

Lejos ha quedado el tiempo heroico en el que Mugabe era comparado al sudafricano Nelson Mandela. Mugabe se forma en una universidad de Fort Hare, luego en Ghana y termina sus estudios de economía en Londres. Cuando regresa en 1960, es uno de lo jóvenes líderes que deberían conducir al continente africano a la prosperidad, una vez superada la etapa colonial. Pero eran años de uerra Fría y la URSS y EEUU buscaban ampliar su influencia apoyando a guerrillas, líderes y gobiernos títere por todo el continente. A la vez las antiguas potencias coloniales no se resignaban del todo a perder su histórica influencia.

Mugabe se unió inicialmente a la Unión Popular Africana de Zimbabue (ZAPU), la proyección del partido CNA de Mandela en Rodhesia del Sur compuesto por intelectuales negros, muchos de ellos formados en Europa, que inician una peligrosa cruzada contra la opresión del apartheid. Tanto Sudáfrica como Rodhesia vivían bajo gobiernos de la minoría blanca. Mugabe fue arrestado y torturado en varias ocasiones hasta que se fugó a Tanzania, donde funda su propio partido, la Unión Nacional Africana de Zimbabue (ZANU), más radical que el anterior, y abandera la lucha. En 1979, se aprobó la celebración de las primeras elecciones basadas en el principio “un hombre, un voto”, en las que pudieron ejercer su derecho todos los zimbabuenses, aunque los blancos mantenían un quinto de los diputados reservados al margen de los resultados. La victoria de Mugabe fue aplastante: logró 57 de los 80 escaños del Parlamento y se convirtió en el primer ministro de la historia de Zimbabwe, ya que el país fue rebautizado para cambiar el nombre que usaban los viejos colonos. Luego de años de crecimiento y desarrollo, Mugabe comenzó a mostrar su lado más siniestro, desatando una lucha étnica entre las principales tribus con un saldo de decenas de miles de muertos.