A los 71 años, murió Rafael Amor, símbolo de una generación

El cantante, referente indiscutido de varias generaciones, fue autor de letras de fuerte compromiso social. Estuvo exiliado en España en los 70.

A los 71 años, murió el cantante Rafael Amor, autor de letras de fuerte compromiso social y referente indiscutido de varias generaciones.

Algunos de sus clásicos como “No me llames extranjero” y “Elegía a un tirano” se han convertido en verdaderos himnos de la canción popular durante la recuperación de la democracia.

Entre los temas que quedaron como legado de este exquisito cantautor se encuentra “Corazón libre”, canción que formó parte del álbum que grabó Mercedes Sosa y que le da nombre al disco.

Amor, que debió exiliarse en España a principios de los setenta, es considerado uno de los más importantes trovadores de su generación. Durante su exilió se transformó en un encendido defensor de los derechos humanos en toda América latina. Referente de la canción de autor, alternó durante cuatro décadas entre Argentina y España.

El cantautor visitó Rosario en varias ocasiones, donde fue gestando una gran cantidad de amigos que supo sostener con el tiempo.

El pasado 7 de diciembre estuvo en nuestra ciudad por última vez cuando brindó un show en El Aserradero, un espacio que le resultaba familiar en los últimos tiempos. Su primer show en la ciudad lo había dado en el desaparecido bar Olimpo, de Corrientes y Mendoza.

Amor nació en Buenos Aires en 1948 y tras el exilio su vida fue alternando entre Argentina y España. En la capital madrileña registró en 2012 La Gota y la Piedra, un disco que incluye canciones que rebotan en la pared de las historias bisagras, como “Vengo a cantar”, “El cerco”, “El zorro” y “Sepia”, un homenaje a Aníbal Troilo.

Entre sus registros también se destacan “No me llames extranjero”, un disco que alcanzó una gran repercusión convirtiéndose en un himno a la universalidad humana; así como “Personajes”, “El loco de la vía”, “Diez años en España”, “El perro cojo” y “Corazón libre”, que registró con la colaboración de Mercedes Sosa y Alberto Cortéz.