La adolescente de Timbúes que vive en un reality: sueña con ser Miss Argentina

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Los concursos de belleza gozan de buena salud, en plena pandemia 3 mil jóvenes respondieron a una convocatoria nacional. Desde hace tiempo, están en la mira de las organizaciones feministas

«Si tenés entre 17 y 26 años, sos argentina, soltera, podés ser la próxima elegida», prometía la publicación de Instagram que llegó a los ojos de Tamara Mc Cornik y ella pensó: ¿Por qué no?. En Timbúes ya había sido reina del Carnaval y su hermana melliza princesa de la Misa Criolla, así que en julio pasado envió a la productora del certamen Miss Mundo Argentina sus datos personales y cuatro fotos. Desde entonces vive en medio de un reality. Con clases de maquillaje, fotografía y coaching que cumple todos los días de 17 a 22, una carrera que logró sortear a pura voluntad y sonrisas.

Ahora Tamara es una de las nueve adolescentes que sueñan con llegar a Brasil para representar al país en el certamen «Miss Beauty Global City». Y mientas se entusiasma con el viaje, dice que los concursos de belleza «ya no premian sólo a chicas altas, rubias y de ojos celestes» sino que rescatan «los proyectos personales» de cada una de las participantes. El suyo no está muy cerca de las pasarelas: quiere terminar el secundario que cursa como pupila en una escuela agrotécnica y convertirse en policía forense.

Más aggiornados a los tiempos que corren, algunos hasta se animan a calificarlos como más feministas, los concursos de belleza siguen gozando de buena salud. A la última convocatoria de Miss Mundo respondieron unas 3 mil jóvenes, entre ellas Tamara quien fue seleccionada para representar a la provincia.

Santa Fe tiene una larga tradición de fiestas populares que incluyen la elección de una reina o, para romper estereotipos, embajadores o personas destacadas, sin distinción de edad ni género. Está la Fiesta Nacional de la Frutilla (en Coronda), del durazno (en Pavón Arriba), de la soja (Arequito), de la leche (Totoras) o de la bagna cauda (en Humberto Primo). Es más, en Carlos Pellegrini se realiza tradicionalmente la Fiesta Nacional de Reinas Nacionales, de la que participan unas 30 reinas de diferentes localidades del país y se elige a la reina de las reinas nacionales.

Tamara nació en la zona rural de Timbúes, una ciudad que en cada diciembre celebra la Fiesta Nacional de la Misa Criolla. Sin embargo, en sus juegos infantiles nunca quiso ser princesa. «Nada que ver, se la pasaba subiéndose a los árboles para juntar nísperos», dice su mamá, Karina Coronel, empleada de la comuna y cabeza de familia de un hogar donde crió cuatro hijos y donde «no sobra ni falta nada». El mayor de los hermanos ya tiene 24 años, le siguen las mellizas de 17 y el más pequeño de 11.

Karina se entusiasma cuando habla de la nueva rutina de su hija que adoptó su hija desde que ingresó al concurso. Habla de sesiones de fotos, de clases con maquilladoras y peinadoras, de profesores de coaching, de entrevistas y grabaciones para un canal de You Tube, donde las distintas instancias del concurso se muestran con formato televisivo bajo el nombre de Bendice la Corona. «Yo no sabía nada de este tipo de concursos, pero la acompaño -señala la mujer-. Hago por mis hijas lo que sea para que tengan todo lo que esté a mi alcance y estoy orgullosa de que haya podido llegar hasta ahí».

Ningún juego

En Timbúes funcionan tres de los trece puertos más activos del país. De acuerdo a estadísticas de la Bolsa de Comercio, en 2019 en esas costas se embargaron el 42 % de los granos que salieron del país y el 80 % de los aceites y subproductos de cereales.

Sin embargo, tiene sólo dos escuelas secundarias, una común y una técnica, inaugurada hace dos años. Por eso, cuando Tamara terminó la primaria eligió la escuela agrotécnica en Totoras que, entendió, le ofrecía un mejor futuro. Y como viajar todos los días era complicado, se anotó pupila.

En julio pasado, sin clases presenciales en la escuela, Tamara estaba muy activa en las redes sociales. Hacía tiempo que seguía en Instagram a Florencia, una adolescente de la localidad de Barrancas, a unos 60 kilómetros de Timbúes, que participó en el certamen nacional. Y cuando recibió la información sobre una nueva inscripción al concurso, pensó en probar suerte.

El 19 de agosto le confirmaron que había sido seleccionada entre 3 mil inscriptos para participar del concurso, que en noviembre tenía que empezar las clases de oratoria, maquillaje, pasarella, cultura general y coaching que se desarrollan por zoom de lunes a sábados y que tenía que abonar una matrícula de 10 mil pesos, que ayudaron a pagar familiares, vecinos y un subsidio del municipio de Timbúes.

Lo que vino después fueron largas horas de entrevistas vía zoom y sesiones de fotos y videos en los que participan también media localidad. Un amigo fotógrafo se encarga de las tomas, familiares peinan y arreglan uñas y dueños de locales de indumentaria prestan vestidos y zapatos.

Tamara dice que desde que está en la competencia combina mejor su ropa, se peina siempre y se maquilla cuando sale. También se cuida la piel del Sol y toma muchísima agua; pero destaca que en la competencia no sólo se mide la belleza de las chicas, sino sus proyectos y sus iniciativas sociales. «Buscan el brillo interior», lo resume y cuenta que cuando termine la secundaria piensa convertirse en policía forense y que junto a su familia sostiene un proyecto social que asiste a personas en situación de calle.

En unos días, la competencia llegará a su fin y se sabrá cuál de las nueve jóvenes finalistas representará al país en «Miss Beauty Global City».

Sobre los concursos

Los concursos de belleza son franquicias en manos de empresas generalmente relacionadas con el mundo de la moda y el espectáculo. Los certámenes tienen una larga historia y desde hace tiempo están en la mira de las organizaciones feministas que los acusan de estereotipados, discriminatorios y sexistas, entre muchos otros calificativos.

El certamen con mayor historia es «Mis Universo Argentina» que, de acuerdo a Wikipedia. se celebra en forma ininterrumpida desde 1954. Cada concursante representa una provincia del país y la ganadora del título lo lleva por un período de alrededor de un año. En 1955, la ganadora resultó Hilda Isabel «La Coca» Sarli. Desde 2010, la licencia de este concurso está en manos de Osmel Sousa Manilla, un ex-modelo venezolano, conocido como el zar de la belleza.

En 2004 esa primacía empezó a cambiar, Nadia Cerri obtuvo la licencia de Miss Mundo Argentina. Con el slogan de “La belleza no se mide ni se pesa», la representante del país en 1997 en Japón, buscó darle otra impronta a estos certámenes con el desarrollo de proyectos sociales relacionados con la trata de personas o la violencia de género. La idea, dijo en una entrevista, es «mostrar la vida y el alma de las participantes y dejar de poner el foco en el afuera».


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