El mítico último recital de Los Beatles en la azotea de Apple Records

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El 30 de enero de 1969 la banda británica tocaba por última vez ante el público y las canciones sonaban en la azotea de su disquera

No llegaron a tocar una hora, fueron apenas cuarenta y tres minutos. Pero el recital pasaría a la historia. El mediodía del jueves 30 de enero de 1969, Los Beatles aparecieron sobre la terraza del edificio de oficinas de Apple Records, su sello discográfico, en el número de 3 de Savile Row, en el centro londinense. Sería su última aparición pública, en medio de la filmación de la película «Let it be», antes de su separación definitiva ocurrida el 10 de abril de 1970.

El último concierto en vivo de la banda inglesa había tenido lugar el 29 de agosto de 1966 en el Candlestick Park de San Francisco, con capacidad para 42.300 personas, aunque solo asistieron 25 mil por fallas en la organización comercial del espectáculo. El show, contemporáneo a la salida de su álbum «Revolver», no superó los 35 minutos, a lo largo de las once canciones interpretadas por los Fab Four.

De acuerdo con el testimonio del tecladista Billy Preston, invitado especial que se sumó a los genios de Liverpool para la ocasión, la idea original de tocar en la terraza de Apple fue de John Lennon, una vez que fuera descartada la posibilidad de hacerlo frente a las pirámide de Egipto, o a bordo del buque transatlántico Queen Elizabeth II.

George Harrison describió así la iniciativa: «Fuimos a la azotea con el fin de resolver la idea de un concierto en vivo porque era mucho más sencillo que ir a otro lugar. Nadie lo había hecho, y era interesante ver lo que pasaría cuando empecemos a tocar allí. Instalamos una cámara en la zona de recepción de Apple, detrás de una ventana para que nadie pudiera verla, y filmamos a la gente que venía. La policía y todo el mundo entraba diciendo: «No pueden hacer eso. Ustedes tienen que parar»».

La producción general del histórico evento estuvo a cargo de George Martin y de un por entonces ascendente ingeniero musical, Alan Parsons, que en 1973 se convertiría en el cerebro de la grabación de «El lado oscuro de la luna», de Pink Floyd. El otro ingeniero que participó en el show de la terraza, Glyn Johns, también pasaría a integrar las grandes ligas del rock mundial pocos meses después, por ser parte de la producción del primer disco de Led Zeppelin.

El concierto incluyó cinco temas del álbum Let it be, «Get Back» (la interpretaron tres veces), «Don’t Let Me Down», «I’ve Got a Feeling», «One After 909» y «Dig a Pony».

El frío mediodía londinense hizo que John y George lucieran gruesos tapados femeninos, mientras que Ringo se exhibió con un estruendoso piloto colorado. Paul, para diferenciarse del resto una vez más, irrumpió con un elegante traje oscuro.

John y Ringo asistieron acompañados por sus respectivas esposas, Yoko Ono y Maureen Starkey (el verdadero apellido de Ringo).

El show fue interrumpido por la policía a causa del ruido y los problemas de tránsito que se estaban generando. Al final, y poco antes de que los micrófonos fueran desconectados, John, con la filosa ironía que lo caracterizaba, alcanzó a decir: «Me gustaría dar las gracias en nombre del grupo, y de mí mismo, y deseo que hayamos pasado la audición».

En 1971 Let it be obtuvo el premio Oscar a la mejor banda sonora, pero como era de esperar, ningún beatle asistió a la entrega. El director musical Quincy Jones fue el encargado de recibir el galardón para el que estuviera nuevamente nominado Paul McCartney en 1973 por la banda de sonido del film de James Bond, Live and let die.


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